Viernes, 04 de septiembre de 2009

REINA DE LAS ROSAS

 

A las tres de la madrugada  ,

los trinos de un pájaro hendió,

la paz del silencio que reinaba ,

en dos magnánimos corazones ,

a los que el mío lembraba en inefables temores,

sensaciones que  mi alma,

las sentía todo jirones,

 

Pajarito mensajero,

chiquitito atribulado,

surcó por el oscuro cielo,

a tinieblas inquietando,

en arrojo de su vuelo,

y en la rama encaramado,

no cesaba por inquieto,

irreverente piando,

rasgando al silencio,

alarmando se estaba allegando,

el averno en sumo fiero,

 

Cesan los trinos, y la noche

ábrese en luz demoledora,

con sevicia y su derroche,

hecha lumbre devastadora,

todo lo bebe , todo lo come,

la paz en silente llora,

 

Dos cuerpos le hacen frente,

sin temor a ser engullidos,

en pro del filial amor latente,

puro amor correspondido,

que viendo la muerte no siente,

como de piel quedan baldíos,

aunados en afán de hacer frente,

al tiempo que van siendo vacías,

de su piel deferente,

 

Unidos en el magno esfuerzo,

la voluntad se acrecenta,

sus carnes son llagas, color negro,

nada a ellos amedrenta,

ni el crepitar que se hace eco,

ni llamas en enhiestadas en braveza,

 

Discurren minutos y horas,

en medio de magna llamarada,

surge la reina de las rosas,

verdeciente en su beldad brama,

de su fiel alma candorosa,

que sabiéndose quemada,

sólo piensa en una cosa,

dar su vida por la amada,

a la suya siempre sosia,

 

La sevicia ya se adueña,

propietaria es del territorio,

y el crepúsculo ve tinieblas,

y en medio de todo agobio,

no hay sollozos, si maneras,

de amor filial sin condiciones,

 

Crepitan todos los bienes,

desgarran sus pieles, sus carnes,

no hay tiempo a preces,

mirada al cielo por socaire,

y mi cuerpo que no duerme,

siente inefable desaire,

aguardando que mis dos seres lleguen

a desarrollar nuestros planes,

 

La reina de las rosas,

calcinado su vergel,   su jardín,

quemadas , heridas sus bellas hojas,

en un amor sentido sin fin,

a su padre en hospital aloja,

y a su madre con sutileza le diz,

que la madrugada es mora,

y la felicidad tiene su fin,

 

Mas... ella no se desmorona,

yergue su tallo, hojas bellas,

como patrona que es de las rosas,

con su sabia el jardín renueva,

expandiendo su fragancia olorosa,

en pro de una vigorosa era,

 

 

Ana Arias Saavedra


Tags: POESÍA

Publicado por micasadecendal @ 18:19
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